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Tuesday, June 10, 2008

Superhéroes y periodistas

Eduardo Huchín/ Tediosfera

Dos de los superhéroes más influyentes del mundo del cómic y el cine trabajan en periódicos: Superman y el Hombre Araña. No es que resulte muy sencillo librar al mundo de villanos como Lex Luthor y el Duende Verde, pero Clark Kent y Peter Parker parecen sufrir más al momento de entregar una nota o vender una fotografía. El superhéroe, en efecto, responde al llamado de la justicia, pero el reportero tiene que atender la llamada -más inoportuna, si se puede- de su jefe de información en el teléfono. Los villanos de cómic son científicos que se han vuelto locos y quieren conquistar el mundo; los de la vida real desean cosas menores -como vivir del presupuesto- pero con la misma demencia.

Ningún enfrentamiento puede ser más estresante que las juntas editoriales: el Doctor Pulpo es el típico gordo con tentáculos con el que no quisieras coincidir, pero un jefe como Jonah Jameson es mucho peor, porque tarda hasta dos meses en autorizarte las vacaciones. Ser superhéroe es una vocación para quien ha sufrido un trauma como Batman o para tipos susceptibles a la ira, como Hulk, pero el periodista necesita además una paciencia de hierro para cubrir las sesiones del Congreso del Estado.

Es quizás por eso que vemos a los periodistas como personas que luchan contra muchas cosas: la censura, el viejo sistema, la mala fe entre entre colegas y la falta de boletos suficientes para las rifas...

(... continúa)

Thursday, April 24, 2008

vive sin libros - Eduardo Huchín

¿Puede a estas alturas alguien creer que leer es bueno? Supone cambios drásticos en el humor, tiempo desperdiciado sin trabajar, experiencia de desdoblamiento, latidos del corazón elevados, insomnio, gastos superfluos, menos espacio en la casa. En fin que se trata de un vicio al que es difícil de mantener y que produce maridos que llegan a casa borrachos de Moby Dick o Vargas Llosa y se vuelven entes insoportables, dicen sus pobres esposas, e individuos violentos capaces de hablar del capitán Ahab por hora y media mientras la mujer les dice, en el rincón y hecha un mar de lágrimas: “¡Ismael, por favor, ya no más!”



pareja

Con tristeza puede verse a jóvenes evadir la realidad mientras leen un libro tras otro y luego caminar por las aceras a altas velocidades, embriagados de Cortázar y vomitando conejos en las esquinas. ¡Pobres muchachos los nuestros, terrible época en que les ha tocado vivir donde se publica un libro cada medio minuto y donde es posible bajar novelas por internet, invento del demonio que ha puesto ésa y otras depravaciones al alcance de cualquiera!

Lamentable cáncer la literatura. Preparatorianos talentosos, futuros ingenieros en sistemas, posibles administradores de empresas, que un día descubren el espejismo de los libros y deciden estudiar Letras o volverse poetas. Con los años, los observo mendigando en las redacciones de los periódicos: “Me da una errata que corregir, por el amor de Dios”.

De los libros no se salvan ni siquiera los ricos. Bibliotecas enormes en casas sirven de escenario para que bibliómanos cuarentones lleven a sus invitados a probar ediciones reposadas (“¡Ah, un Nabokov de 1955!”, “Qué delicia, esta primera edición de Cien años de soledad!”), como si el sabor fuera diferente sólo por la fecha de publicación. ¡Ilusos! Han creado una cultura de la esquisitez (“Un Borges siempre combinará mejor con un Bioy, nunca se te ocurra leerlo al alimón con Roberto Artl, porque caramba no es de gente decente”), sin darse cuenta que sólo lo hacen por la embriaguez, por experimentar ese vértigo de las palabras agolpándose unas tras otras, por los personajes entrañables, por las frases perfectas.



libropower

He visto a la mejores mentes de mi generación desechas por los libros inútiles, por una poesía que no sirve para nada, malgastadas en ensayos que no dan puntos para el currículo. Y es que el problema, hemos de reconocerlo, no es el consumo en sí sino la inmoderación. Los médicos siempre han recomendado una bibliografía saludable para la vida: un poco de queso robado y búhos que no ululan, el manual del IETU o Soy mujer, soy invencible y ¡estoy exhausta! Pero los viciosos no saben contenerse, no saben seguir regímenes. Una mañana despiertan con antojo de Pérez Reverte, a la mañana siguiente han dejado todo por los guiones de Woody Allen. Saltan de un género a otro, cruzan siglos enteros y países en apenas una semana, sin detenerse en la pírámide alimenticia que nos recomienda: abténgase de la ciencia ficción, eleve su contenido de columnas políticas. Los viciosos nunca cuentan el número de páginas que consumen para decir: “Ya basta, ha sido suficiente”. Después de atragantarse 6 aventuras de Wooster y Jeeves, sienten culpa y la única forma de quitarse ese sentimiento, ¡vaya condena!, es seguir leyendo.



biblioteca

La literatura deja marcas, qué duda cabe. Abdómenes prominentes, traseros planos, una vista gastada por las páginas. ¿Qué le estamos haciendo a nuestro cuerpo?, y peor áun, ¿por qué dañamos nuestra mente con esa información innecesaria? Millones de personas han demostrado que se puede vivir sin Pessoa o sin Octavio Paz, que se es feliz sin una página siquiera del Quijote. Pero los consumidores de libros son seres derrotados, distraídos, perdidos. La literatura crea individuos incapaces de saber dónde están las llaves del carro, pero prestos a citar a Umberto Eco, cada que un acompañante dice por casualidad la palabra “monasterio”.

Cuidemos a nuestros adolescentes. Videos clandestinos en Youtube han dado cuenta de alumnos grabados mientras leían Un mundo feliz. Ha sido un escándalo mayúsculo, sobre todo cuando uno de los estudiantes, sin dejar de reírse como un tonto, habló de la euforia que le provocaba Ibargüengoitia. Ha sido uno de los casos más bochornosos que me ha tocado presenciar. El director del plantel tuvo que salir a desmentirlo todo, a fin de que ningún padre de familia creyera que ahí -en un instituto tecnológico- se estaba propiciando el consumo de novelas.

Pero el asunto no puede acabar ahí, en una mera anécdota. Se sabe de jóvenes que llevan a la escuela libros QUE NO pertenecen a ninguna asignatura y que a escondidas ojean durante los recreos, mientras sus compañeros –sin duda, los más sanos y quienes a fin de cuentas sacarán adelante a este país- practican el deporte o flirtean con las chicas. La Asociación Estatal de Padres de Familia ha pedido a las autoridades aplicar la “Operación Mochila” a fin de decomisar cualquier libro que no haya sido pedido por los profesores. Y se trata de algo que es urgente extender a otros colegios, para cumplir uno de los objetivos centrales de este Gobierno: trabajar para que la literatura no llegue a tus hijos.


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Por otra parte, estudios han demostrado que autores que consideramos inofensivos como Stephen King o J. K. Rowling sirven de puerta de entrada a otros novelistas mucho más fuertes y adictivos. Que si como padres descubrimos Harry Potter en el cuarto de los chicos y lo dejamos pasar por alto, somos responsables de que en un futuro, el muchacho termine en las garras paranoicas de Phillip Dick o viajando en las ciudades invisibles de Italo Calvino. No permitamos eso, por favor, señores, vigilemos lo que entra en nuestras casas y que, les aseguro, aunque para sus hijos sea “mero entretenimiento” es algo mucho más peligroso que eso.

Finalmente debemos exigir a nuestras autoridades combatir el tráfico de libros, la compraventa de segunda mano, los préstamos, los robos de las bibliotecas, las adaptaciones cinematográficas, las reseñas elogiosas en los periódicos, incluso hasta los blogs y promover en cambio las presentaciones de poemarios locales, los talleres literarios, las premiaciones de Juegos Florales, las tesis, los simposios y todas esas prácticas que ¡gracias a Dios! nos han ayudado a mantener a raya la adicción de nuestras juventudes a la literatura.

¡Por un México libre de libros!

Monday, March 24, 2008

"Los lectores salvajes" / E. Huchín

Ciudad de México (La Gaceta del Fondo).- Hartos de ser desplazados de los mejores espacios de las librerías, los bibliómanos atacaron este sábado con ediciones de pasta dura a los compradores de bestséllers en la Gandhi de Miguel Ángel de Quevedo, gresca que tuvo como saldo una treintera de detenidos.

La reunión originalmente programada para compartir el último libro de Guadalupe Loaeza, fue interrumpida ante el arribo de seis lectores de Bolaño, a quienes se les intentó sacar de inmediato del lugar. Los bestselleros corrieron a golpear a los recién llegados con ediciones gigantes de Manual de la Gente Bien, lo que desembocó en una nueva muestra de intolerancia.

Pasadas las cinco de la tarde, se dio un nuevo enfrentamiento, cuando los lectores de editoriales pequeñas (conocidos como “indies”) llegaron con refuerzos al sitio. Durante la riña se escuchó algo que parecía ser una detonación, pero en realidad era un estante de publicaciones universitarias que se había venido abajo.

Una valla de trabajadores de la librería separaba ambos bandos, preguntando a unos y a otros: “¿Qué libro anda buscando señor?, ¿en qué lo puedo ayudar?”

Sólo la aparición de un grupo de otakus, quienes reclamaban la inclusión del manga como forma de literatura, trocó los ánimos agresivos por unas risas desternillantes de ambos clanes.

Un erudito de la UNAM, que había usado el Nuevo Corpus de Margit Frenk para agredir a un integrante de la otra tribu, declaró: “Los odio, no pasan de Isabel Allende o J. K. Rowling. Se roban nuestro estilo. Ve a ese tipo de ahí, igual tiene coderas en su saco”. Según los “bibletos” los besteselleros habían copiado algunas costumbres de los bibliómanos como leer en el metro o usar lentes de pasta y fueron esas imitaciones las que provocaron su ira.
“Por lo general los hombres de libros son gente pacífica, ¿cómo alimentaron su coraje en tan poco tiempo?”, se les cuestionó.
“A dosis dobles de Fadanelli la última semana”, dijo el académico.

“Mata a un bestsellero y te regalamos la más reciente de Pitol”, decía la propaganda difundida por Internet, pero también por medios más tradicionales como post its dentro de las ediciones de Anagrama disponibles en las librerías.

Algunos organismos como el Instituto Mexicano del Libro han reprobado las agresiones contra bestselleros. A través de un documento han exhortado a los compradores eruditos a no alimentar este clima de odio e intolerancia. “Lo único que están logrando es que se cierren los espacios para más lectores”, consideraron. El comunicado -con el título de “Diles que no los maten”- ha empezado a circular ya por Internet.



Wednesday, November 28, 2007

Su fantasía laboral hecha realidad

Ilustración tomada de BIGNET

Antonio Valdés tiene 47 años y es dueño de “Fantasías Laborales”, la única compañía en su tipo en este país. A fin de conocer sus servicios, hicimos la entrevista en sus oficinas, en el segundo piso de un edificio con amplios ventanales, donde ha asentado su imperio, aprovechando al máximo la insatisfacción en el trabajo.

-¿Por qué los empleados experimentan fantasías laborales?
Es conocido que después de cierto número de años, las relaciones en el trabajo empiezan a deteriorarse. Es difícil después de una década cumplir con la misma pasión de un principio. Empiezan las rutinas, sientes que el trabajo empieza a inmiscuirse en tus asuntos personales. Entonces, es cuando muchos optan por buscarse pequeñas aventuras laborales nocturnas, digamos un puesto de velador en un fraccionamiento. También en esta etapa empiezan a fantasear sobre la posibilidad de renunciar.

-Pero hasta donde sé no se trata de opciones que gocen del visto bueno de la sociedad. Cada que alguien habla de renunciar a su trabajo, su mujer (... continúa)

- Eduardo Huchín / tedisofera

[Eduardo Huchín Sosa (Campeche, 1979) es autor del libro "¿Escribes o trabajas?" y aparece en las antologías "Inventa la memoria", "Novísimos cuentos de la República Mexicana" y "El hacha puesta en la raíz. Ensayistas mexicanos para el siglo XXI"]

Tuesday, October 30, 2007

Su fantasía laboral hecha realidad

Antonio Valdés tiene 47 años y es dueño de “Fantasías Laborales”, la única compañía en su tipo en este país. A fin de conocer sus servicios, hicimos la entrevista en sus oficinas, en el segundo piso de un edificio con amplios ventanales, donde ha asentado su imperio, aprovechando al máximo la insatisfacción en el trabajo.

-¿Por qué los empleados experimentan fantasías laborales?
Es conocido que después de cierto número de años, las relaciones en el trabajo empiezan a deteriorarse. Es difícil después de una década cumplir con la misma pasión de un principio. Empiezan las rutinas, sientes que el trabajo empieza a inmiscuirse en tus asuntos personales. Entonces, es cuando muchos optan por buscarse pequeñas aventuras laborales nocturnas, digamos un puesto de velador en un fraccionamiento. También en esta etapa empiezan a fantasear sobre la posibilidad de renunciar.

-Pero hasta donde sé no se trata de opciones que gocen del visto bueno de la sociedad. Cada que alguien habla de renunciar a su trabajo, su mujer le dice: “¡No, Alfonso, piensa en los niños!”
Así es. Y también cuando uno se consigue un trabajo extra, nos llegan con la cantaleta de: “¿Y qué tiempo le piensas dedicar a tus hijos?” Yo sé que las instituciones del Estado, como la Secretaría del Trabajo, siempre le van a apostar a la reconciliación de las partes, pero hay que reconocer que cuando una relación laboral está muerta no hay nada más que hacer.

-¿Cree que esto se deba a la premura con que la gente comienza a trabajar? Estudios afirman que en la actualidad los mexicanos empiezan su vida laboral en edades cada vez más inferiores.
Sí, por supuesto. Antes nadie movía un dedo hasta que no hubiera un papel de por medio. Ahora todas son relaciones rápidas, trabajos de un mes o dos, donde no hay oportunidad de profundizar en las prestaciones. Eso sin contar los cientos de empleados que llevan más de un lustro al servicio de una empresa y nunca han formalizado su situación. Es cuando uno agradece que hayan campañas gubernamentales como la de Contratos Colectivos y Afiliaciones Extemporáneas.

-Según leí en su impresionante currículum, primero se desempeñó usted como Consejero Laboral antes de poner esta compañía, ¿no es así?
Sí. Pero ahí nació esta idea. Todos los días recibía a personas al borde la histeria. Gente en crisis que estaba a un pelo de asesinar a la secretaria de su departamento o en el menor de los casos, abandonarlo todo y dedicarse a poner coreografías en las escuelas de paga. Yo era partidario de los viejos métodos: invitaba, por ejemplo, a una cliente a sentarse en el diván y ella me hablaba de sus problemas, me decía que ya no soportaban la indiferencia de sus superiores y que sospechaba que su trabajo en realidad lo hacía el intendente, porque cada vez había menos papeleo que sellar. “¿Es que ya no me sienten capaz?”, se preguntaba. Yo era como los otros consejeros, le decía que lo pensara bien, que renunciar no era la opción y que se diera otra oportunidad. “Es que, compréndame…”, me respondía ella entre sollozos, “¡al principio parecía un trabajo tan perfecto!”

-¿Cuándo abandonó la Consejería Laboral?
En el fondo siempre supe que eso de las “segundas oportunidades” era una mentira. No hay vuelta de hoja cuando las cosas sobrepasan el límite de lo soportable, cuando los abusos son excesivos y un día cualquiera te llega una circular sobre un aparato que a partir del lunes identificará tus huellas digitales a fin de que nadie cheque tarjeta por ti.

-Entonces concebió usted esta compañía, me imagino.
En efecto. Los empleados viven al borde de armar una revolución y eso no le conviene a nadie. Con el tiempo descubrí que lo que en realidad necesitaban era una válvula de escape, una forma de recuperar la confianza perdida en sí mismos. Me di cuenta que habíamos estado tanto tiempo evitando que los empleados renunciaran que no nos habíamos dado cuenta que ahí estaba la solución. Renunciar es una catarsis y una demostración de poder.

-Eso me hace pensar que usted cree que la esencia de las relaciones laborales es quién tiene el poder.
Por supuesto. Desde Moisés hemos vivido en un sistema patronal, donde los jefes han sido los mandamaces. Sólo hasta el movimiento laborista en el siglo XIX y la quema de mil tirantes mineros en Francia las cosas empezaron a cambiar. Eran los tiempos del “Peace and Work”, pero aún faltaba mucho por hacer. Recordarás que los empleados no tenían derecho a votar en las decisiones de su empresa hasta 1943. Teniendo en cuenta esas bases históricas supuse que renunciar era lo mismo que ser despedido, pero la diferencia estribaba en quién ejercía el poder. Al renunciar el empleado era quien llevaba las riendas, al ser despedido, el patrón cumplía la parte dominante. Fue cuando me dije ¿por qué no brindamos la oportunidad a todos los que quieran renunciar de hacerlo, pero sin perder su empleo? Parece una locura, lo sé, pero escucha: construí un set en este edificio a fin de reproducir todo tipo de oficinas. Contraté unos excelentes actores y un mejor maquillista. Lo que hacemos es reconstruir tu área de trabajo, con todo y personal. El cliente llega, entra al cubículo del jefe y tiene la oportunidad de decirle todo lo que siempre se guardó. Todo está permitido: gritos, insultos, humillaciones. Y por supuesto, la parte climática: “¡Hasta cree que me hace falta su cochino trabajo!”. La esencia de la fantasía es el fingimiento, nuestros actores representan extraordinariamente sus papeles: se asombran al principio y después piden de rodillas al empleado que no los deje. Después de una hora, un azotón en la puerta y algunas malas palabras las cosas serán distintas. Puede que al otro día, cuando el cliente regrese a su auténtico empleo, el ambiente no haya cambiado, pero el trabajador sí. Podrá soportar otros cinco años más en el mismo cargo y quizás hasta en condiciones más degradantes, se lo aseguro.

-Parece algo muy oneroso para el trabajador promedio.
No crea. Tenemos planes de pago a diez quincenas y paquetes accesibles.

-¿De qué tipo de paquetes promocionales estamos hablando?
La presencia de otra persona en el mismo cubículo, digamos el contador, sube el precio pero entonces convendría mejor adquirir el Paquete a Tres que incluye a cualquier otro superior que usted decida. El paquete Jefe-Contador-Subjefe da permiso de utilizar un juguete, digamos, un reloj checador que usted quisiera aventarle a alguno de ellos. Además, créame que no es sólo un asunto de dinero; la gente hace cualquier cosa por recuperar su dignidad y tenga por seguro que ayudar a alguien a recuperar el autoestima supone siempre un fuerte desembolso. Si no, pregúntele a cualquier sicólogo o bailarina nudista.

-Extraordinario. Sé que se trata de un asunto mucho más perverso, pero ¿se ha topado con trabajadores que pidan ser despedidos en lugar de renunciar?
En “Fantasías Laborales” no juzgamos a nadie. Y déjeme decirle una cosa: es mucho más común de lo que usted cree. Me he topado con decenas de sindicalizados que han realizado un trabajo terrible a fin de que los despidan, pero nadie les dice nada y al contrario hasta los nombran sustitutos de algún superior cuando éste se ausenta por enfermedad. A ellos también los atendemos y les preparamos su despido con todo tipo de vejaciones.

-Para terminar, déjeme hacerle una pregunta más íntima. ¿Le ha tocado despedir a alguien de su propia compañía?
Sí, muchas veces. De hecho usamos el mismo cubículo para las actuaciones. A veces el empleado cree que es una broma y sigue viniendo a trabajar, pero ya no le pagamos. Creo que eso también ha constribuido a que esta empresa haya crecido como la espuma.

-Eduardo Huchín/ tediosfera

[Eduardo Huchín Sosa (Campeche, 1979) es autor del libro "¿Escribes o trabajas?" y aparece en las antologías "Inventa la memoria", "Novísimos cuentos de la República Mexicana" y "El hacha puesta en la raíz. Ensayistas mexicanos para el siglo XXI".]