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Wednesday, January 19, 2011

Sacrificar la literatura mexicana

Heriberto Yépez/ Hache
Tijuana, México

La obra de los literatos actuales no influye substancialmente
a creadores extranjeros o lectores nacionales.
Su campo de influencia se reduce a colegas menores.

La semana pasada dije que nuestros antropólogos, arqueólogos, historiadores de los mundos indígenas prehispánicos y actuales sobrepasan a los grupos que normalmente identificamos como los más representativos de nuestra intelectualidad.

¿Cuáles son las bases de una afirmación tan temeraria? Daré algunos argumentos. Me concentraré en los literatos.

Primero: los literatos mexicanos —aun los traducidos— son islas. Académicos los analizan, pero ni poetas ni narradores (mucho menos ensayistas) mexicanos influyen en otras literaturas. Mundialmente son irrelevantes.
(Además: casi siempre monolingües, autocolonizados).
Los estudiosos del mundo mesoamericano, en cambio, no sólo dialogan con otros especialistas extranjeros sino que —en ciertas áreas— encabezan. Ningún escritor mexicano puede presumir ser el líder en su campo escritural.
Segundo: ningún poeta o novelista mexicano después de Paz, Fuentes o Monsiváis ha conseguido modificar —para bien o para mal— la forma en que el mexicano se concibe. La obra de los literatos actuales no influye substancialmente a creadores extranjeros o lectores nacionales. Su campo de influencia se reduce a colegas menores.
El mesoamericanismo ha inspirado incluso a la contracultura (nacional y foránea).
Los mesoamericanistas —cuya identidad como arqueólogos, historiadores, etnógrafos, antropólogos, cosmólogos es móvil, algo que también los hace más intrépidos que los letrados unidimensionales— paulatinamente han rehecho la autodefinición del mexicano. Han modificado la cultura.
Tercero (de índole estético): ¿qué cuento, poema o novela mexicana puede superar en belleza los mundos y submundos indígenas descritos en las obras de decenas de estos estudiosos mexicanos? Nada es Farabeuf cotejado con Xibalbá.

Venideros siglos no memorizarán nuestros versos mestizos. Lo que perdurará de México será el numinoso imaginario indígena, en cuya trasmisión han intervenido académicos mexicanos, aparentemente grises.
Rulfo lo sabía.
En una de tantas veces que se le preguntó por qué no había hecho más libros después de El llano en llamas y Pedro Páramo, Rulfo explicó que eso era falso. Había hecho muchos libros, como editor del Instituto Nacional Indigenista.
¿Mero juego de ideas? Mi hipótesis es que el silencio de Rulfo se trata de un casi involuntario augurio, que no hemos descifrado adecuadamente.
Rulfo sabía que (él) había culminado la literatura mexicana. Lo que habitualmente tomamos como el silencio o bloqueo de Rulfo fue, en verdad, profecía y servicio.
Rulfo sacrificó la más bella literatura mexicana a los antiguos dioses.
Lo que el silencio de Rulfo significa es que los libros y cosmos a los que había que dedicarnos ya no eran los literarios, sino los libros y cosmos indígenas.

Saturday, April 10, 2010

I love la narcocultura

Heriberto Yépez/ Hache
Tijuana, México

La revista Proceso publicó una entrevista que Julio Scherer García realizó a uno de los narcotraficantes arquetípicos de México: Ismael “El Mayo” Zambada.
Hace algunos años hablé con el máximo escritor de Tijuana, Jesús Blancornelas, fundador del semanario Zeta. Uno de los temas que tocamos fue la seducción de la frontera hacia el narco. No olvidaré nunca su cara cuando le pregunté si él no se sentía, involuntariamente, el cronista oficial del Cártel de Tijuana.
Como muchos, respeto a Scherer. Pero si uno lee su entrevista algo resalta: quedó seducido por el narco. La portada habla por sí misma. Amor a primera vista.
Scherer habla del narco “como un imán irresistible y despiadado que persigue el dinero, el poder, los yates, los aviones, las mujeres propias y ajenas con las residencias y los edificios, las joyas como cuentas de colores para jugar, el impulso brutal que lleve a la cúspide”.
México está fascinado por el narco.
A esta sociedad le encanta el narco porque representa el PODER ilimitado. La Silla convertida en Chevy.
El narco “desafía” al gobierno. Como todos odiamos al gobierno, la narcocultura, de inmediato, tiene millones de fans.
Pero —he aquí la clave de la narcocultura— aunque el narco parezca oponerse al gobierno, en realidad, lo subsidia. La narcocultura es la fórmula perfecta para adorar al autoritarismo. Los narcos y los padrecitos son símbolos de lo mismo: el patriarcado.
Los sacerdotes católicos son pervertidos. Por eso la gente puntualmente besa sus manos.
Lo mismo sucede con los narcos. Los adoramos porque sintetizan todas nuestras contradicciones. A la vez querer ser santos y criminales, héroes y culeros.
Ciudadanos, periodistas, funcionarios, empresarios, creemos que nos oponemos al gobierno cuando, en verdad, somos su garrote.
“El problema del narco envuelve a millones. ¿Cómo dominarlos? En cuanto a los capos, encerrados, muertos o extraditados, sus reemplazos ya andan por ahí”, dice (estilizado por Proceso) “El Mayo” Zambada.
Los periodistas —como los escritores o artistas— deben traspasar límites morales establecidos. Gracias a ellos debatimos los extremos sociales. Pero, vamos hablando claro, Scherer casi le pide un autógrafo al “Mayo”, dios-sol.
“La conversación llega a su fin. Zambada, de pie, camina bajo la plenitud del sol y nuevamente me sorprende”. “El Mayo” lo invita al Photo-Op: “¿Nos tomamos una foto?”
Scherer, literalmente caliente, comenta: “Sentí un calor interno, absolutamente explicable. La foto probaba la veracidad del encuentro con el capo”.
Según Lacan, el falo representa al poder. En México, el falo hoy lo simbolizan los narcos, poderosos, cabronsotes, ¡Chingones!
Para decirlo con frases que aquí todos comprendemos —desde mi abuelita hasta Scherer— esta cultura está enculada con el narco. A México ya se lo cargó la chingada.

Heriberto Yépez • hyepez.blogspot.com

Monday, October 13, 2008

Ni Philip Roth ni Joyce Carol Oates...

Literatura Nobel vs literatura gringa

Heriberto Yépez/ Hache
Tijuana, México

(...) Ni Philip Roth ni Joyce Carol Oates ni Paul Auster ni Don DeLillo son escritores literariamente revolucionarios. Son pacatos y reaccionarios. Escriben bien. Pero también escribe bien Marcela Serrano.

Aunque han estado regalando el Nobel a políticos literariamente correctos, esta vez Engdahl tiene razón. La literatura norteamericana mainstream es una majadería. Una tomada de pelo que agrada a miles de lectores y escritores, miembros del Nuevo Orden Provinciano Global.

Why? Sencillo. Refleja el conservadurismo de su vida y pensamiento. Todos estos autores norteamericanos reiteran una forma de ser semejante a la abanderada por las clases lectoras. La estetizan, es decir, la ironizan y embellecen en dosis equilibradas. El escritor y el artista contemporáneos consisten en fingir una distancia crítica. (...)

Wednesday, July 30, 2008

¿La tendencia contracultural?

Caducidad de la contracultura
Heriberto Yépez/ Hache
Tijuana, México

(...) Una contracultura la hacen los “disfuncionales culturales”. Tengo que confesar que la idea de “contracultura” como un nuevo motor, un segundo motor, que rompe la inercia cultural y la redirige —esto es, establece nuevos valores rectores—, me parece acertada. La contracultura retomó ideas del romanticismo, Marx, Freud, Buda, el neochamanismo, la literatura norteamericana, las vanguardias europeas y el rock, y las masificó. Una contracultura altera el orden social, y no sólo el orden ideal dentro de las elites neológicas y las microcomunidades críticas. En este sentido, la contracultura “triunfó”. ¡Se volvió New Age, self-help y consumismo! (...)

Thursday, June 26, 2008

México es absurdo. Todo es absurdo...

Heriberto Yépez/ Hache
Tijuana, México

México es absurdo. Todo es absurdo. Podría explicar porqué digo esto, y todo mexicano sabe que es cierto, y no tiene caso, y si lees esto y eres un extranjero, seguro tu país también es absurdo, aunque dudo —salvo si eres sudamericano o ciudadano de cualquier otro país del tercer mundo público o del tercer mundo de clóset, como Estados Unidos— que tu país sea más profundamente absurdo que el mío. Absurdo, totalmente absurdo, es decir, triste, autoritario, idiota, disfuncional, ilógico. Absurdo, totalmente absurdo, qué desgracia, chingado, qué mierda. Da coraje, da rabia, da risa, qué absurdo. Y es que este país es una prueba que los dioses nos imponen, los dioses más antiguos, los únicos dioses a los que les podemos importar nosotros. Y la prueba consiste en querer salir del absurdo. No poder resistirlo. Espero que venga la lluvia. Borre la memoria de todos estos días.

Monday, June 2, 2008

La literatura de América es apócrifa

Heriberto Yépez/ Laberinto

La literatura hispanoamericana, al suicidar su cosmopolítica autoúrgica —trabajar la propia tierra en consonancia con un post-colonialismo internacionalista—, nos entregó a lo Globo Lover, el Canon Reloaded. Nuestra psicohistoria: la literatura latinoamericana nació tarde. Cuando apareció, la literatura oxidental marcaba medianoche. Nótese este fenómeno que explica toda nuestra literatura: cuando maduramos (siglo XX), todos los géneros europeos ya estaban construidos.

La Forma ya había sido definida. Sólo restaba cometer sus variaciones.

La poesía, el ensayo, la novela ya habían anochecido cuando nosotros amanecimos como epílogo, coda, remate o tiempo extra en la historia de la literatura. Los americanos debutamos al mismo tiempo que lo clásico y lo moderno se despedían. Nuestra literatura jamás podría ser canónica. Si es canonizable significa que no es parte de lo americano. Lo americano es la inserción imposible. A América le tocó falsificar “literatura”, ya convertida en una gran cita.

Somos literatos extemporáneos. Nuestra literatura más original ha nacido de la negación a continuar. O de esta anexa tradición paralela. Palabra FANERA. Sujeto injerto. No querer novelar: Macedonio. Y de Macedonio toda la mejor literatura argentina. No querer poetizar: Parra. Y con Parra, el absurdo del sujeto lírico.

No querer hacer cuento o ensayo: Borges, que ideaba reventar irreverentente la literatura europea desde un margen malvado. El concretismo, el neobarroco o el experimentalismo norteamericano son también artificios lógicos del modo apócrifo. No tanto lo nuevo como el más allá de lo literario.

Como sabemos, canónico se refiere a los libros bíblicos aprobados como legítimos dictados del Espíritu Santo; apócrifo, lo que se creyó espurio, interpolatorio, mal copiado. Lo inadmisible.

Lo apócrifo tiene dos sentidos. El peyorativo y el esotérico. En lo peyorativo, la literatura americana es apócrifa porque es derivativa de la oxidental. Tardía. Colonial. Fingida. Sus “grandes” obras son adaptaciones de estructuras foráneas. América emula.

En lo esotérico, tiene que recordarse que apócrifo significa oculto. Lo apócrifo, no se olvide, es el corpus gnóstico.

Este sentido no hay que trascordarlo: lo apócrifo es lo heterodoxo desautorizado. Lo que queda fuera del Libro oficial. (La literatura americana no es la única literatura apócrifa. También lo es la literatura femenina. Y la literatura japonesa).

¿Cómo retomar la revolución interrumpida?

Regresando a la conciencia de que la historia de la literatura oxidental ya terminó en el siglo XX y comprendiendo, entonces, que hay dos caminos.

Hacer remakes de sujetos y estructuras literarias oxidentales. Pedirle caridad al canon (ya clausurado). Ser un buen afterparty.

O aceptar nuestro destino apócrifo. Y sus consecuencias gnósticas...

Tuesday, May 20, 2008

El fin de la literatura latinoamericana

Heriberto Yépez/ Laberinto

En un foro me preguntaban ¿cuál es el principal fenómeno de la literatura latinoamericana actual? Mi respuesta es ruda: vivimos el fin de la literatura latinoamericana.

Como tal, la literatura latinoamericana no existía antes del siglo XX, en que se consagró la creencia colectiva de que escribir novela, ensayo o poesía era parte de un proyecto de Nuevo Mundo. “Los Nuestros”. Esa voluntad apareció con el fortalecimiento de las literaturas nacionales, el indigenismo y los idearios revolucionarios. No sólo hablo de la novela de la tierra sino sobre todo de la poesía a partir de Huidobro, Neruda y Vallejo.

Aun la filosofía —más “universalista”— se sumó al proyecto. A modo de pregunta. En ese momento se creó la única buena filosofía que tenemos, cuya cima es mexicana. La “literatura latinoamericana” o “hispanoamericana” se concibió como parte de un plan bolivariano. Borges, europeizado, por cierto, terminó descreyendo de él. Empero, se convirtió en su nacional-cosmopolitismo.

La idea terminó de cobrar forma en los sesenta y setenta.

El boom creyó en esa utopía. Fue su portavoz.

Las generaciones posteriores desearon repetir el hit comercial del boom pero no su discurso político. Ese fue el principio del fin. La literatura latinoamericana murió por el “mercado”. Las ideas bolivarianas fueron confundidas con sus últimos portavoces y al canonizarse, éstas también se oficializaron, desprestigiándose entre parricidas y novísimos.

Con los ochenta, la escritura en el continente se desizquierdó cada vez más y, paradójicamente, el influjo de la mentalidad española (que acogió editorialmente el proyecto) fue esparciéndose.

En los noventa, la globalización hizo que las ideas americanistas de nuestros escritores pasaran a ser momias egipcias.

¡Incluso Vargas Llosa se volvió español!

Pronto terminará la década bebé de este árido siglo, y la voluntad de escribir en relación con la historia geopolítica del continente fue prácticamente abandonada.

Los neoescritores, desde Gringoméxico hasta el deshielo patagónico, desean ser parte de la literatura transnacional. En México, incluso, no ha faltado quien ha sugerido que ¡volvamos a la literatura española! Abandonar la mente liberal y “revalorar” lo conservador. ¡Viva lo presorjuánico! “¡Joder! ¿Por qué no tuvimos franquismo?”

Los post-boom se relajaron; creció el autocolonialismo. Vuelta a la tercermunditis: calentura de integrarnos al “primer mundo”.

Si esta tendencia sigue, en dos décadas la Gran Novela Española del siglo XXI será escrita en América. Y la mejor anglonovela será firmada por un latino.

La literatura latinoamericana se acabó. La única pertenencia a la que se aspira es la pertenencia al mercado. La creación telúrica, el pensamiento crítico y las fuerzas psíquicas de nuestros escritores se han secado.

_____________

*Heriberto Yépez, nació y vive en Tijuana (México 1974). Es profesor de filosofía en la Universidad Autónoma de Baja California. Ha colaborado en revistas latinoamericanas y estadounidenses en los últimos años, y escrito un montón de libros.


Tuesday, April 29, 2008

Por una autocrítica literaria



¿Debe forzosamente existir la crítica? No. Si hay críticos es porque ya no hay verdaderos escritores.

Crítico, narrador y poeta deben ser uno mismo.

El crítico es un escritor (muy inteligente) que quería ser creador. Pero —debido a ajeno consejo o clandestino temor— abortó la creación directa. Y aprovechó su gran facilidad para inteligir lo ajeno. Esto es lo que los críticos no quieren que sepamos.

¡Ningún niño quiere ser crítico! La crítica es decisión tardía. Una renuncia.

Muchas veces fue la mejor decisión que pudo tomarse.

No perdamos de vista: el miedo es el núcleo de la crítica.

Esa claudicación lleva al crítico a reelegir a los grandes creadores —aquellos que lograron lo que él quiso— y acusar a sus coetáneos que se aventuraron a continuar lo que él abandonó, para sentirme más seguro, cobijado en el arte de comentar objetos externos.

Pero ésta es (apenas) la tercera parte de por qué existe la crítica.

Otra tercera parte se debe a que los creadores dejaron de autopercibir. Mientras el crítico no puede crear, el escritor común no consigue ver sus propios aciertos y errores. Necesita la crítica externa: anteojos perdidos, visión suplementaria.

Los críticos literarios surgen cuando los literatos ya no son autocríticos.

Uno dice entenderlo todo. Otro crea, ¡pero no entiende cómo! Mitad y mitad de una desmedrada figura.

Los críticos han renunciado a la creación, y el pensamiento que ya no ejercen sobre su creación la dirigen excesivamente a otros. Exigen narrar, poetizar o pensar lo que ¡en realidad debieran intentar ellos!

Los críticos se proyectan. Pero lejos están de comprenderlo: su mirada está volcada fuera de sí mismos. La crítica es acedia.

Y a los escritores ni siquiera se les ocurre que el siguiente paso de su oficio es desarrollar una autocrítica literaria.

No sólo nuevas preceptivas o psicopoéticas sino una disciplina que fuera y dentro del texto creativo exploren qué es escribir.

La autocrítica literaria será parte de alguna venidera vanguardia.

Ahora, sólo un neologismo, es decir, una antipatía.

Pero no tengo ninguna duda: la autocrítica literaria será la siguiente revolución de la escritura.

Y la tercera responsable de la existencia de la crítica son los lectores. A ellos es a quienes realmente dirijo esta locura.

Detestables lectores: los escritores son pensadores que han perdido visión. Los críticos, pensadores sin total poder creativo. Y ustedes ¡pasivos consumidores de este par de engendros!

Unan estas dos mitades. Formen, por fin, un escritor íntegro.

Así la crítica literaria no ejercerá más su autoritarismo y la creación en sí misma será autocrítica. Y para que esto ocurra se necesita que desaparezcan ustedes, los lectores.

Y comience la labor para construir a los creadores completos del porvenir.

Thursday, April 10, 2008

...

El mundo está hecho de personas milagrosas. En las últimas semanas he andado en una prisa loca, varios ocios y negocios que urge resolver, de un modo u otro, y en el apremio zigzagueante me detengo (en alguna mesa, en cierto restaurante, en tal oficina, en un pasillo accidental) y, cuando menos lo pensaba, aparece un brillo en la persona que tengo enfrente. Y cuando salgo de ahí o retorno he caído en cuenta que hay rasgos de esta realidad, trazos delicados pero ciertos, características que posee este mundo que se deben, por completo o en su sabor, a esa persona. Y no a otra. Es maravilloso, pienso, es la magia misma. Y, a la vez, todo lo que ocurre será mortal. Y, junto, comparsa metafísica, par impar, la duda arrecia: ¿cesará?

Sunday, March 30, 2008

"Decálogo de la crítica" - Heriberto Yépez

1 Después de los 30: renunciar a todo maestro. Des-paparse. Y su concomitancia: el pataleo parricida. Cada uno señor o señora de sí mismos.

2 Las ideas ajenas son temores. La crítica independiza: encargo de ser intrépidos. Invención de otras tesis: magia del argumento. La crítica crea conceptos. Decir que un libro es bueno o malo es mera interjección capitalista. La crítica formula nociones inéditas a propósito de obras magníficas.

3 Ya que criticar=investigar, la opinión es el primer piso de la crítica. Pero su cimiento es la discusión y su segundo piso, la filosofía. Quien cree que informar al público cuáles son sus gustos es crítica, no escribe: repta.

4 Como puesto laboral, la crítica es cómoda. Juzgar el trabajo de otros nos hace zoilos. Si el crítico se ejercita es para tener obra creativa. Si su creación no está a la altura de su crítica, nunca fue crítico.

5 Todo crítico comienza a serlo por motivos temperamentales. Pero, al crecer, ya no debe ser arrastrado por sus hábitos sentimentales. O amistades inconclusas. Debe distanciarse de tales pasiones. No tomarlas por naturales o universales. La crítica es la invención de otros afectos. Lo que llamamos valores son emociones pretéritas.

6 La crítica es disensual. Al contrario de lo que cree el consenso, la crítica no canoniza. Se estudia la historia para entender cuáles son sus aciertos e inercias. E ir más allá. El canon es la doxa. Cuya fiesta es el tedio. La crítica, en cambio, vuelve al arte y las letras desconocidas.

7 Épocas decadentes son épocas estéticas. La estética es la ética que se detuvo. Lo estético es cadavérico. La ética continúa y la estética se vuelve, entonces, su lastre. La crítica es el motor de la ética. La crítica frena la inercia estética que posee (a) una época.

8 Escribir es quehaceroso y criticar, metanoico. Es el paso hacia una fase superior de vida y conciencia. La crítica no construye textos. Construye individuos (lo individual es lo indivisible). La crítica ocurre cuando la vida ya no se encuentra en otra parte. La crítica consigue que el presente se convierta en el cielo de la ética.

9 El estilo es la prueba de que el hombre trabajó en sí mismo. Y depender del estilo, la evidencia de que el hombre ha dejado de trabajarse.

10 La crítica es la autoconstrucción de nuevos sujetos. El crítico, ante todo, se ahonda para eliminar todo vicio que corrompa su espíritu. Ya que el oportunismo domina a los presuntos críticos y ellos no sospechan que la crítica es una disciplina espiritual idéntica a la ética, en épocas profanas la crítica es rarísima.


P.D.: este decálogo mañana será estética. Y alguna ética más ardua la superará y en el porvenir la crítica se convertirá en una religión para adorar la inteligencia. La crítica es la tierra de la divina ética.

Monday, February 11, 2008

¿Eres un timógrafo?


La semana pasada abordé la oclografía —la escritura cretina—; hoy toca turno a los timógrafos: aquellos que sólo escriben para subir de rango.

Platón definía la timocracia como una aristocracia degradada a afán de ganar honores. Aquí por timografía digo la escritura interesada menos en la inteligencia que en la minipolítica.

Los timógrafos aparecen cuando una literatura alcanzó un alto grado de desarrollo. Pero su primera aristocracia muere y los herederos no dan el ancho de sus predecesores. Empero: las alturas alcanzadas han quedado. Las montañas se vuelven alpinismo.

Entonces nace la República de las Letras.

Los mejores no republican. Son espíritus anarquistas, raros insulares o genios dispersos. Lo republicano aparece cuando la tribu deviene canon.

Los timógrafos aspiran a llenar los zapatos de los aristógrafos muertos o mayores.

Si en el mundo extraliterario domina la oclografía, en la literatura internacional (incluida la mexicana) hoy domina la timografía.

El timógrafo quiere “llenar un hueco”. Así se entiende a sí y a los otros. No escribe o lee. Compara.

Los rangos que la timografía detenta y disputa derivan más de revistas que de libros.

O de lo que las revistas timográficas dicen de libros, por voz de sus críticos-canónigos, que a cambio de canonjía se encargan de catedral, absolver y condenar. La timografía no está hecha de ideas propias sino de juicios sobre otros.

La timografía la sostienen más editores que autores. Derivados, epígonos o divulgadores. El timógrafo es el escritor candidato a ocupar un puesto fijado en una oligarquía alfabetizada.

El timógrafo es un acercado al poder. Se crea pera del olmo. Pero en verdad es el colmo de los peros. Cuando Paz escribía en El mono gramático “La degeneración consiste en que la sociedad repite infinitamente la imagen del Jefe” nunca imaginó que este enunciado pasaría a describir perfectamente a los paceanos.

Lo peor de todo es que los timógrafos no son del todo prescindibles. Se trata de gente culta (o en vías de serlo) pero obsesionados con las jerarquías. Enfocan su energía no a construirse a sí (ethos) sino a posicionarse. Son timadores.

Lo que escriben no tiene el ojo puesto en la exploración honda del lenguaje sino en prebendas o directrices para sumar prestigio.

Desperdicio del talento debido a que eres inseguro.

¿Cómo se puede reconocer si uno es un timógrafo? Si la generación más vieja te abrió la puerta. Si tus opiniones tratan siempre de dejar a todos (los de arriba) felices y a los de abajo ninguneados.

Y, sobre todo, si eres parte de una República de las Letras que tú mismo sabes que está en decadencia.

El timógrafo, por ejemplo, dirá que timógrafo nada más es un neologismo.

Sunday, January 27, 2008

Exquisita receta para preparar narco a la parrilla

Hoy que las balas vuelan a pocas cuadras de aquí—escucho las ráfagas— y no podré salir en horas o días, he decidido compartirles una receta regional: cómo preparar narcos.

Hoy que las balas vuelan a pocas cuadras de aquí—escucho las ráfagas— y no podré salir en horas o días, he decidido compartirles una receta regional: cómo preparar narcos.

Existir es autoconocerse, construirse. Un niño se autoconoce si sus padres se conocen a sí. Cuando alguien no se conoce: intenta controlar a otros.

El niño educado por padres manipuladores no podrá autoconocerse. Lo joderán. Quedará frustrado. Será un niño invalidado.

Al llegar a la adolescencia buscará reconocimiento. Poder. Dinero. Posesiones. Prestigio. Entre más invalidado haya sido más reconocimiento buscará.

Todo ser humano busca la completud. A como dé lugar.

Prestad atención: un ser humano que no pudo realizarse (ser reconocido) dentro del núcleo familiar, origina en su psique un deseo heroico. Quiere “vencer”.

Si las familias reconocieran, no habría “héroes”. El héroe nace del sometimiento.

Si la sociedad tiene formas de encauzar el deseo heroico, esos seres incompletos ya fuera de la familia consiguen plena o satisfactoria realización.

Pero si en esa sociedad no hay forma de encaminar el afán heroico: nace la sociedad criminal....



texto completo aquí

Friday, January 11, 2008

La Era de la Oclografía

Con oclografía neologizo “escritura de la plebe”. He aquí su esencia.La oclografía se trata de la dominación de la letra por quienes no tienen la intención de escribir para ascender de conciencia sino para hacernos saber a los demás que su estupidez es el mejor de los mundos posibles. Ortega y Gasset —que no era dos sino al menos tres— estaría de acuerdo en que somos una época en que el hombre-masa hace aparecer sus mensajes por doquier.

Ya sea en los mensajes de texto que aparecen en programas de televisión (“Niurka deja en paz a Bobby”) o en tags, YouTube, Twitter, blogs y toda página web (desde MSN News hasta Amazon.com) que tenga sección de “comentarios”. La oclografía pulula la palabra escrita. Algo inédito en la historia humana, ya que el elitismo de la imprenta oligarquizaba la grafía. Hasta hace poco —y no faltará quien siga afirmándolo no percatando el boom oclográfico electrónico— los best-sellers o la pornografía eran juzgados lo peor de la escritura pública. Es el grafiti que desgraciadamente sí se entiende.

Con el internet nació la Era de la Oclografía. En algunos años la mayoría de las palabras publicadas serán oclográficas. Cada palabra será una pepla más. La regla no escrita del oclógrafo es que no requiere verse como “autor” para publicar. Es la Muerte del Autor suplida por la Génesis del Nickname. Después de ver un discurso de Krishnammurti, alguien escribe en el comentario: “Se parece a Yoda”. Ante eso, ¿qué hacer? (texto completo...)

-Heriberto Yépez